En el noroeste mexicano, Café El Marino brilla por la excelencia de sus productos. También, por la manera como ha logrado mantener vigente la cultura de trabajo y el ímpetu empresarial de su fundador.
Transmitir y acrecentar el legado empresarial familiar es un tema tan complejo y relevante. Incluso, toda una universidad de prestigio cuenta con un programa académico para abordarlo. Sin embargo, la experiencia de los Lizárraga en Mazatlán, también podrían dar cátedra al respecto.
Grupo Marino, el moderno consorcio mazatleca, nació de la semilla que en 1950 sembró don Ricardo Lizárraga Granados con la creación del molino y expendio Café El Marino. La empresa es un caso ejemplar de la buena evolución y la consolidación generacional de compañías; donde los cargos clave son ocupados por aquellas y aquellos que llevan el apellido del fundador.

El emprendimiento iniciado en Mazatlán por don Ricardo, un joven oriundo de la zona rural del municipio de Concordia, Sinaloa ya es timoneado por sus nietos. Los jóvenes de apellido Lizárraga agregan valor a la herencia con cada inversión que realizan en el core de la empresa —la apertura de nuevos centros de distribución o la puesta en marcha de programas de eficiencia productiva—. También, con las incursiones que realizan en otras industrias, entre ellas la inmobiliaria, con un firme propósito: hacer que el grupo empresarial de la familia siga escalando.
Se trata de la tercera generación que, desde hace tres años, inició un programa de apertura de expendios de café El Marino. Esta empresa, como es de esperarse, hace eco de las tendencias actuales en la preparación de la bebida. Además, responde a las exigencias del mercado del siglo XXI que busca tanto calidad y variedad de preparaciones como experiencias novedosas en el servicio, uno mucho muy diferente al que atendía el expendio del abuelo hace setenta años, mayormente, a los marinos del puerto, de allí el nombre.

“Tenemos muchas ideas y muchas ganas de seguir mejorando”, destaca Arturo Lizárraga, director financiero de Industrias Marino. “Algo clave es que hay mucha comunicación entre los primos de la tercera generación, algo que a veces se pierde en otras empresas familiares”.
Evolución generación tras generación
Arturo y su primo Javier, director comercial de El Marino, reconocen que su abuelo —una persona que con esfuerzo dio el paso de empleado a comerciante y empresario— no sólo sembró las bases de la empresa. Junto a su hermano Enrique y su medio hermano Faustino, instauró y heredó la cultura de trabajo que permea a los miembros de la familia hasta ahora.
Don Ricardo transformó un pequeño expendio en el centro de Mazatlán en una entidad de alcance nacional en tan solo unos años. Ya en 1966, participaba en el comercio exterior con entregas en Estados Unidos y Canadá. De acuerdo con la cronología oficial de la empresa, en 1967 fue creada la filial Café El Marino en Jalisco que, además de procesar y comercializar grano de café, se inició en la producción de otros alimentos. Para 1970, El Marino se convertía en una de las primeras compañías mexicanas que ofrecía grano de café en varias presentaciones, como enlatado, envasado, molido, descafeinado, soluble, entre otros.

“Luego viene la segunda generación, a la que le tocó diversificar el negocio. El café es un commodity y sus precios suben y bajan, así que era necesario diversificar”, añade Javier. “Ya teníamos una red de distribución importante en los años ochenta, y esa segunda generación impulsó nuevos productos de consumo, además de profesionalizar la empresa con la creación de consejos, protocolos familiares y mayor estructura corporativa”.
A esa segunda generación pertenecen los señores Javier Lizárraga Mercado, ex secretario de Economía del estado de Sinaloa; su hermano, Juan Carlos Lizárraga, director general de Café El Marino y Arturo Lizárraga Mercado, director general de Industrias Marino.
En los 90, según la línea de tiempo publicada por la propia compañía, El Marino comenzó un periodo intensivo de alianzas internacionales. El objetivo era claro, convertirse en un jugador de peso en la representación y la distribución de marcas alimenticias internacionales en México. Además, en 1993, la compañía echa a andar la planta de producción Industrias Marino que sigue en activo hasta ahora.

De padre a hijos, y de hijos a nietos, El Marino se convirtió en un grupo que abarca el negocio del procesamiento y la exportación de café industrializado a través de Café El Marino y la distribución de alimentos. Al grupo lo integraron, posteriormente, con distintas empresas: Industrias Marino SA de CV, Café El Marino SA de CV y Café El Marino Jalisco, SA de CV.
La primera de estas, Industrias Marino SA de CV, produce todas las presentaciones de café para México y el extranjero, principalmente, café tostado y molido; soluble y capuchino. Incluso, cuenta con una división especializada en el desarrollo de productos para marcas privadas de todo el mundo. La segunda empresa comercializa diferentes presentaciones de café y otros productos de consumo en México. Cuenta con 17 centros de distribución en el país y una división comercial que atiende a restaurantes, hoteles y cafeterías.La tercera de las empresas, además de comercializar café y productos alimenticios, produce consomé de pollo, gelatinas, grenetinas, flanes y chocolate en polvo. Además, Grupo Marino mantiene sus alianzas estratégicas con las multinacionales, como Sugar Foods, Massimo Zanetti y NuZee Coffe. De esta manera, conforman un catálogo con más de 200 productos entre los que se cuentan las variedades de café, alimentos en polvo, enlatados, edulcorantes, semillas y un largo etcétera.

“Estamos en la búsqueda de nuevos productos y marcas del sector alimenticio para comercializar en México”, revela Javier. “Queremos seguir construyendo un grupo empresarial alrededor del ecosistema que ya tenemos”.
Los nietos de don Ricardo confían en el buen futuro del grupo. El conglomerado tiene un crecimiento sostenido de sus exportaciones. Además, cuentan con la llegada de nuevos proyectos de desarrollo para marcas globales, donde son particularmente fuertes, gracias al expertise construido y la calidad demostrada a lo largo de los años.
“A nosotros, como tercera generación, nos toca seguir aportando valor. Si una generación se queda cómoda, la empresa se estanca”, dice Javier.
En paralelo a la continuidad de los negocios, los Lizárraga siguen formalizando los lineamientos que hasta ahora les han permitido crecer. Además de constituirse como un grupo institucional ante terceros, es decir, los protocolos para la participación de la familia en los asuntos de empresa, los criterios de gobierno corporativo y la integración de consejeros independientes es un conjunto de esfuerzos que posicionan a Café El Marino como un grupo serio. En este punto es donde la familia perfectamente puede dar cátedra: fortalecer la columna vertebral basada en el apellido compartido trabajando permanentemente el músculo corporativo.

Marino: muy de Mazatlán, muy del noroeste
El Marino, como otras empresas familiares mexicanas de su tipo, es un actor de peso para la economía nacional, pero incluso más, es un baluarte cultural de su ciudad. El Marino se entiende a partir del puerto y su muy particular estilo de vida y la ciudad, a la vez, se explica a través de las familias emprendedoras y las comunidades de trabajadores construidas en torno a ellas.
“La empresa no es solo la familia Lizárraga: es toda la gente que la ha construido”, reconoce Arturo.
El Marino ha sido reconocida como Empresa Socialmente Responsable tanto por los programas de cuidado de la salud de los colaboradores y la promoción de la educación entre los hijos de los trabajadores, como por las contribuciones a la comunidad mazatleca a través del apoyo a asilos de ancianos o a la Cruz Roja Mexicana, entre otras acciones benéficas.

Más allá del puerto, el café El Marino forma parte de la vida cotidiana, las memorias y los intercambios con una región más amplia: el noroeste de México. En Culiacán y Los Mochis, en Sonora, Durango y Baja California Sur se bebe y se aprecia El Marino.
“El noroeste es todo para nosotros. Desde el punto de vista sentimental, aquí nacimos y aquí crecimos”, destaca Javier. “Además, esta región comparte valores que también tiene nuestra marca: trabajo, calidad y honestidad”.





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