El ingreso desigual en México comienza desde el lugar donde se generan los salarios. Los datos muestran brechas claras entre norte y sur.
Ricardo Amador/NORO
La desigualdad económica en México se construye desde el origen del ingreso. Los datos de la ENIGH 2024 muestran que los hogares del norte del país tienen ingresos considerablemente más altos que los del sur. Nuevo León encabeza con un ingreso trimestral de $117,034 pesos por hogar, seguido de Baja California con $104,728 y Sonora con $94,721. Estas cifras superan el promedio nacional, que se ubica en $77,864 pesos trimestral, es decir, alrededor de $25 mil pesos mensuales.

En contraste, los estados del sur presentan niveles mucho más bajos. Veracruz registra un ingreso trimestral de $53,030 pesos por hogar, Oaxaca $50,025, Guerrero $48,548 y Chiapas $41,084 pesos.
Este contraste evidencia que el punto de partida económico no es el mismo en todo el país. Incluso, el promedio nacional no refleja por igual la realidad de todos los hogares mexicanos.
Además, el 61% del ingreso de los hogares en México proviene del trabajo. Las diferencias en empleo, la formalidad y las oportunidades laborales entre regiones impactan directamente en las condiciones económicas de las familias.
El entorno que define el ingreso
Las diferencias en ingreso no se explican solo por una cifra final, sino por las condiciones en que ese ingreso se genera. Si la mayor parte del dinero en los hogares proviene del trabajo, entonces el entorno laboral de cada región se vuelve determinante.
La estabilidad laboral y la presencia de sectores productivos, también influyen directamente en cuánto pueden ganar las familias.

La ubicación impacta el acceso a servicios y opciones de vida. Vivir en una ciudad suele implicar mayor cercanía con transporte, educación, salud y oferta comercial. En zonas rurales, en cambio, estas opciones pueden ser limitadas y las personas requieren más tiempo o recursos para trasladarse y acceder a educación o salud.
A esto se suma el acceso a servicios financieros, que puede marcar diferencias en la forma en que las personas administran, ahorran o invierten su dinero.
En México, la inclusión financiera y la convivencia entre herramientas formales e informales para manejar el dinero continúan siendo desiguales entre regiones, lo que influye directamente en la experiencia económica de los hogares.
La desigualdad en la vida diaria
Las brechas económicas entre regiones terminan por reflejarse en la vida cotidiana. Las diferencias influyen en decisiones como el tipo de vivienda, la calidad de la alimentación, el acceso a servicios de salud o la posibilidad de ahorrar.Todas estas problemáticas se abonan al mismo entorno.

Cuando el ingreso es más bajo y las oportunidades son limitadas, las familias cuentan con menos margen para enfrentar imprevistos o mejorar su calidad de vida. En contextos con mayores ingresos y mejor acceso, el dinero puede rendir de forma distinta y ampliar las opciones. De esta manera, la desigualdad económica se manifiesta en aspectos concretos que atraviesan la vida diaria.
La ENIGH 2024 muestra que en México el ingreso no se genera en condiciones iguales para todos. Mientras el trabajo siga siendo la principal fuente de ingreso, las diferencias regionales en empleo y acceso a servicios básicos, continuarán marcando no solo cuánto ganan los hogares, sino también cómo pueden vivir.



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