En México, la movilidad social muestra barreras al ascenso: 50% de quienes nacen en el nivel más bajo no logran superarlo y solo 2% alcanza el más alto.
Ricardo Amador/NORO
En México, la movilidad social está condicionada por el origen. Esto se refleja en una estructura donde las condiciones iniciales tienden a reproducirse a lo largo del tiempo.
De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), en México, el 50% de quienes nacen en el nivel más bajo permanece ahí en su vida adulta, mientras que solo el 2% logra ascender al grupo más alto. Debido, principalmente, a un entorno marcado por desigualdad de oportunidades y brechas regionales persistentes que dificultan la posibilidad de modificar la posición socioeconómica de origen.

En contraste, la estabilidad es mayor en la parte superior de la escala. El 51% de las personas que nacen en el nivel más alto se mantienen ahí, mientras que solo 1% desciende al nivel más bajo. Lo anterior confirma que la inmovilidad, además de alta, también es desigual.
Educación, privilegio marcado por la desigualdad social
La educación suele considerarse una de las principales herramientas para mejorar las condiciones de vida. Los datos muestran que su acceso y resultados también están fuertemente determinados por el origen familiar.
Por un lado, las personas cuyos padres estudiaron únicamente la primaria o menos, solo 9 de cada 100 alcanzan estudios profesionales. Por el otro, cuando los padres cuentan con educación superior, esa proporción se eleva a 63 de cada 100. Esta diferencia refleja desigualdades en acceso, pero también en calidad educativa, acompañamiento y recursos disponibles.
En este contexto, el acceso a herramientas complementarias como la educación financiera, puede influir en las decisiones a lo largo de la vida. Sin embargo, no elimina las brechas estructurales que condicionan las oportunidades desde el inicio.
El peso de las circunstancias de origen en la movilidad social
La desigualdad de oportunidades se posiciona como un factor clave para entender la movilidad social en México. El reporte citado estima que al menos 49% de la desigualdad en el ingreso corriente se explica por circunstancias de origen, es decir, por el nivel socioeconómico del hogar, la educación o el entorno en el que se desarrolla.

Asimismo, alrededor de 48% de la desigualdad de resultados está asociada a estas condiciones iniciales. Lo que refuerza la idea de que las oportunidades no están distribuidas de manera homogénea. El esfuerzo individual, aunque relevante, no opera en un vacío, sino dentro de un conjunto de condiciones que pueden facilitar o restringir el ascenso social.
La desigualdad también es territorial
La movilidad social en México también presenta diferencias importantes según la región, lo que añade una dimensión territorial al problema.
En el sur de México, 64% de las personas que nacen en el nivel más bajo permanecen en esa misma posición, mientras que en el norte la proporción es de 37%. Estas brechas, incluso en el territorio, reflejan desigualdades en la infraestructura, el acceso a servicios, la calidad educativa y el dinamismo económico. Todo lo anterior, convierte al lugar de nacimiento en un factor adicional que incide en las oportunidades disponibles.

A esta limitada movilidad se suma una fuerte desigualdad en los ingresos, que amplía la distancia entre los distintos niveles socioeconómicos. De acuerdo con la ENIGH 2024 del INEGI, el ingreso corriente promedio trimestral del decil más bajo es de $16,795 pesos, mientras que el del decil más alto alcanza los $236,095 pesos.
Aunque existen casos de ascenso, estos continúan siendo excepcionales dentro de un sistema donde el punto de partida sigue y tendrá un peso determinante en el destino de los mexicanos. El desafío hacia adelante radica en generar condiciones más equitativas desde las etapas iniciales de vida. De este modo, puede que las oportunidades no estén definidas por el origen, sino por un acceso más amplio y efectivo a recursos y desarrollo.




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