A través de tecnología, control de calidad y una red de boutiques en expansión, la marca crece sin soltar su apuesta por procesos, tiendas propias y acciones ambientales y comunitarias.

Daniela Valenzuela / NORO
Fundado en Hermosillo en 1991, Rancho El 17 creó una marca que integra producción, calidad e innovación para competir en mercados nacionales, llevando desde Sonora una propuesta de carne premium reconocida en todo el país.
Lo que inició como una apuesta por diferenciar la carne sonorense se convirtió en una empresa que transformó la forma de producir, distribuir y consumir proteína de res en México. Tres décadas después, su crecimiento muestra que en el noroeste también se construyen negocios capaces de trascender fronteras.
Una apuesta por darle identidad a la carne sonorense


Cuando Roberto Zambrano fundó Rancho El 17 en 1991, el mercado de la carne de res en México operaba sin diferenciación. Los productos llegaban a carnicerías y supermercados sin marcas, sin trazabilidad y sin una propuesta hacia el consumidor final.
En un estado como Sonora, donde la calidad de la carne tenía reconocimiento nacional, la competencia se daba únicamente en volumen y precio, dejando de lado la identidad y atributos.
Registrar la primera marca de carne en México fue una decisión estratégica para cambiar la lógica de un sector acostumbrado a vender un producto genérico.
Con ese registro, la empresa buscó que la carne tuviera un nombre reconocible y que el consumidor pudiera distinguirla del resto, algo que no sucedía en el mercado en ese momento.

“Cuando fundó Rancho El 17 siempre su idea fue producir la carne de mayor calidad en México”, recuerda Javier Alberto Contreras Flores, director general de la empresa.
Esa idea fue una guía para desarrollar un sistema productivo capaz de sostener esa promesa en un mercado que no distinguía marcas, pero sí reconocía la calidad sonorense como un sello cultural.
Para lograrlo, la empresa integró toda su cadena de valor: cría de ganado joven, alimentación controlada, procesos en planta TIF y añejamiento húmedo de 14 a 20 días. Esta integración permitió mantener la misma calidad desde el rancho hasta el punto de venta.
Ese nivel de control permitió que la empresa pasara de 300 cabezas de ganado a una operación que hoy abastece boutiques, autoservicios, hoteles y restaurantes, además de exportar a Japón y Estados Unidos.

El crecimiento se sostuvo por la diferenciación de que el cliente pudiera reconocer, sin dudas, qué carne estaba comprando.
La identidad también se fortaleció al reconocer que la carne está presente en desayunos, comidas, cenas y celebraciones. Al atender todas esas ocasiones, la marca se volvió parte de la rutina alimentaria de muchas familias.
Con el tiempo, esa diferenciación se convirtió en una forma de trabajar: procesos consistentes, productos estandarizados y tiendas especializadas. Esa estructura sostiene hoy su presencia nacional y refleja cómo, desde el noro, se construyen empresas que impulsan el sector.
Un concepto que llevó la marca directo al consumidor


Uno de los momentos decisivos para la empresa fue la creación de Taste Boutique de Carnes. Antes de este concepto, los cortes de Rancho El 17 se mezclaban con producto de otros proveedores en los anaqueles, lo que hacía difícil que el cliente supiera realmente qué estaba comprando.
“No teníamos un empaque viable y el producto se mezclaba con la carne de otros productores”, explica Javier Alberto Contreras Flores, director general.
Esa situación llevó al equipo a pensar en un espacio propio. “Por eso Taste fue pensado como un lugar donde la gente pudiera ver directamente lo que hacemos”, agrega.

El primer local abrió en 2004 y representó un cambio pues en lugar de depender de etiquetas, Taste ofreció un punto de venta con cortes, productos regionales y alimentos de alta calidad, todos reunidos bajo una misma propuesta.
“Taste era una idea desde 2001 y tomó forma con los años; ha evolucionado muchísimo”, recuerda Contreras.
Con el crecimiento del concepto, la boutique se convirtió también en una plataforma para emprendedores locales.


El programa de desarrollo de proveedores nació para acompañar a quienes iban empezando. “Se les dan condiciones preferenciales durante su primer año para que pasen la etapa más difícil”, explica, al detallar apoyos en empaque, precio, mercadotecnia y tiempos de pago.
Hoy, la empresa desarrolla una nueva etapa del proyecto para mantenerlo dinámico y vigente.
“Estamos buscando un tercer pilar que nos permita volver a ser disruptivos”, adelanta.
La sostenibilidad detrás de su crecimiento

Mucho antes de que la sostenibilidad se volviera un requisito para las empresas, Rancho El 17 ya realizaba acciones que hoy forman parte de su ADN operativo.
Las campañas de reforestación durante el Día del Padre, el apoyo a programas comunitarios y la mejora continua en el uso del agua y la energía iniciaron como esfuerzos aislados, pero con el tiempo se integraron a una visión más amplia.
“La meta de sostenibilidad es permanente”, explica Contreras Flores.
Ese enfoque llevó a la empresa a obtener la certificación de Empresa Socialmente Responsable e incorporar energías renovables y prácticas para reducir su huella ambiental.
La sostenibilidad también se refleja en la estructura interna de la compañía. En los últimos años, Rancho El 17 instauró un modelo de gobernanza que incluye un consejo familiar, un consejo de administración con consejeros independientes y procesos para asegurar la continuidad generacional.


Este tipo de organización, poco común en empresas regionales del sector agroalimentario, ha permitido profesionalizar decisiones y planear a largo plazo.
El impacto económico es más amplio de lo que se ve en los puntos de venta. Con casi 800 colaboradores, la empresa conecta sectores como la agricultura, la producción de forrajes, la logística, el empaque y el retail, generando una red de proveedores y empleos que se mueve alrededor de Sonora.
Cada etapa, desde la compra de maíz y melaza hasta la operación de tiendas y franquicias, activa distintos segmentos de la economía local.
La expansión fuera del estado también responde a esta estructura. La presencia en Ciudad de México, Querétaro, Baja California, Nuevo León y Jalisco, así como las exportaciones a Japón y Estados Unidos, surgió de mantener estándares que permitieran competir en mercados con regulaciones más estrictas.

“Siempre nos hemos preocupado por ser buenos y competitivos en la liga que sea”, explica Contreras.
Lo que distingue a Rancho El 17 es la suma de decisiones que se han sostenido por años que van desde el control total de la cadena de valor, consistencia en los procesos, tiendas especializadas que acercan el producto al consumidor, programas de apoyo para proveedores y una visión de responsabilidad social que atraviesa la operación.
“Hacer todo eso combinado es lo que nos ha dado una identidad única”, afirma el director.
Para Contreras, el camino no ha estado libre de riesgos. La empresa ha probado ideas que no funcionaron, ajustes comerciales y formatos que fueron descartados.
“Hemos tenido cien ideas y hay como cuatro que prevalecen… pero hubiera sido más costoso no intentar”, dice.
Esa disposición a experimentar, incluso en una industria tradicional, es lo que ha permitido que la compañía crezca sin perder su esencia sonorense.




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