Cada temporada de lluvias, las biobardas de MazConCiencia frenan toneladas de desechos que bajan por los arroyos hacia el Estero del Infiernillo, evitando que lleguen al mar.
Ricardo Amador/NORO
Cada vez que llueve en Mazatlán, la biobarda instalada bajo el puente Juárez se convierte en el escudo contra la contaminación marina. Este sistema ecológico, impulsado por el colectivo ambiental MazConCiencia, logra retener toneladas de basura en cada lluvia.
Los residuos arrastrados por arroyos y canales urbanos los detiene la biobarda antes de alcanzar el mar a través del Estero del Infiernillo, una de las zonas más afectadas por la acumulación de desechos.
La biobarda de Mazatlán fue instalada en 2019 como una respuesta ciudadana al creciente problema de basura que terminaba en los cuerpos de agua. Construida con materiales reciclados, principalmente botellas plásticas y redes, la estructura actúa como una barrera flotante que detiene los residuos sólidos que bajan con la corriente.
En temporada seca, el sistema recolecta alrededor de una tonelada de desechos por mes, pero durante las lluvias esa cifra se triplica debido a la cantidad de desperdicios que arrastran los arroyos y canales de la ciudad.
Sofía Trejo Lemus, directora de MazConCiencia explicó a Noroeste que la biobarda no cubre toda la extensión del puente, ya que debe dejar un paso libre para las lanchas ribereñas que circulan por la zona.
Esa limitación impide retener la totalidad de la basura, pero aun así su impacto ha sido significativo. Aun con ese margen, el sistema se reconoce como una de las herramientas más efectivas para evitar que la contaminación llegue al mar.
El trabajo de MazConCiencia no se limitó solo a instalar la biobarda, ya que cada lluvia implica una nueva jornada de limpieza en la que pueden participar voluntarios, pescadores y personal del Ayuntamiento.
Con maquinaria y retroexcavadoras, el equipo retira los montones de basura acumulados, que en ocasiones superan las 25 toneladas en tres días de lluvia.
Desde su primera instalación, las biobardas de Mazatlán evitan que más de 500 toneladas de basura lleguen al océano Pacífico. Solo el año pasado, MazConCiencia registró la recolección de alrededor de 90 toneladas en el punto principal del puente Juárez.
Entre los desechos que se detienen con mayor frecuencia destacan los plásticos, envases, bolsas, zapatos, juguetes y todo tipo de objetos domésticos. Pero también se han encontrado partes de refrigeradores, lavadoras, muebles y piezas de equipos de refrigeración, que se presume provienen de negocios cercanos al arroyo Jabalines. Para Trejo Lemus, esta situación evidencia la falta de control por parte de las autoridades.
A pesar de los esfuerzos, la basura que logra escapar de la biobarda continúa su camino hacia los manglares de la Isla de la Piedra y el Estero de Urías, o incluso alcanza las corrientes marinas que alimentan la llamada “isla de basura” en el Pacífico.
Vecinos de las colonias aledañas al Infiernillo aseguran que, aunque se han colocado letreros que prohíben arrojar desperdicios, muchas personas siguen utilizando el estero como vertedero.
Actualmente, MazConCiencia mantiene cuatro biobardas activas en Mazatlán: la del Estero del Infiernillo, una en el canal de Gaviotas, otra en el fraccionamiento El Cid y una más en el Estero del Yugo.
Las biobardas son, por ahora, la delgada línea que separa los desechos del océano y un recordatorio visible de que la conciencia ambiental aún tiene mucho camino por recorrer.
Fuentes: Noroeste, Línea Directa Portal, Punto MX
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