En 1964, los pueblos de Suaqui, Tepupa y Batuc quedaron sumergidos tras la construcción de la presa hidroeléctrica Plutarco Elías Calles, conocida como “El Novillo”

Daniela Valenzuela / NORO
La historia de la presa “El Novillo” tiene un aspecto peculiar y trágico, ya que entró en funcionamiento el 14 de noviembre de 1964, pero su construcción implicó el desalojo de tres pueblos: Tepupa, Suaqui y Batuc.
Estos pueblos quedaron completamente sumergidos bajo las aguas de la presa, obligando a sus habitantes a abandonar sus hogares y trasladarse a otras regiones de Sonora.
Suaqui, Tepupa y Batuc

Los pueblos de Suaqui, Tepupa y Batuc, fundados a inicios del siglo XVII, se encontraron en la ribera del Río Yaqui, entre San Pedro de la Cueva y Soyopa. Cada uno de ellos estaba lleno de tradiciones y costumbres que reflejaban la identidad única de Sonora, enriqueciendo el paisaje cultural de la región.
Sin embargo, en marzo de 1958, el entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines anunció la construcción de la presa hidroeléctrica Plutarco Elías Calles, también conocida como “El Novillo”, con el objetivo de satisfacer la creciente demanda de energía en el país.





La decisión, tomada en aras del progreso nacional, significaba que los tres pueblos quedarían inundados. La noticia fue recibida con gran descontento por parte de los residentes, quienes organizaron firmas y manifestaron su oposición a la obra.
Sin embargo, sus esfuerzos no lograron detener el proyecto. Finalmente, no hubo otra opción que reubicar a los habitantes y abandonar los pueblos a su destino bajo las aguas, sacrificando así sus hogares y tradiciones en nombre del desarrollo.
Para 1960 Suaqui tenía mil 677 habitantes, el pueblo de Batuc mil 448 habitantes y Tepupa 572 habitantes.
Los pueblos que “El Novillo” se llevó

El 9 de marzo de 1961, se concretó oficialmente el proyecto de la presa hidroeléctrica Plutarco Elías Calles, mejor conocida como «El Novillo».
Tres años más tarde, el 14 de noviembre de 1964, fue inaugurado oficialmente, marcando el inicio de una nueva era para el desarrollo energético en la región, pero también el fin de los pueblos de Suaqui, Tepupa y Batuc, que quedarían sumergidos bajo sus. aguas.





En los meses anteriores, el gobierno comenzó a comprar las propiedades de los habitantes de estos pueblos. Sin embargo, muchos se resistieron a abandonar sus hogares, aferrados a sus raíces y tradiciones.
La historia, las costumbres y la identidad de cada comunidad eran demasiado valiosas para ser dejadas atrás. A pesar de su resistencia, la llegada de las aguas los obligó, finalmente, a partir.
El pueblo de Suaqui fue reubicado en un terreno cercano a Hermosillo, aunque 29 años después volvió a ser desplazado debido a la construcción de otra presa, «El Molinito».


Los habitantes de Tepupa fueron distribuidos en municipios y comunidades cercanas. Batuc, recordado por la belleza de la fachada de su iglesia, dejó huellas que aún resisten bajo el agua.
En temporadas de sequía, cuando el nivel de la presa baja, las ruinas de esta iglesia emergen de las aguas como un recordatorio fantasmagórico de los pueblos que allí vivieron.


Como tributo a estas comunidades, la fachada de la iglesia de Batuc fue trasladada a Hermosillo y ahora se encuentra en la Plaza de los Tres Pueblos, en Villa de Seris, un espacio dedicado a honrar a Suaqui, Tepupa y Batuc, los pueblos que la presa se llevó.
Así, en 1964, estos tres pueblos quedaron completamente sumergidos, dejando tras de sí una historia de resistencia, nostalgia y profundo arraigo.
Con información de El Sol de Hermosillo, El Expreso y Esto es Sonora.




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