niño en silla de ruedas

El niño tarámari que soñó con estudiar

Jorge Soto Olguín tiene 16 años y ya experimentó una de las mayores dificultades: migrar lejos de su familia para seguir estudiando, pues en la comunidad donde nació no es posible asistir más allá de la secundaria. Una red de donantes se organizó alrededor del Colectivo Tarahumara Sinaloense cuando su líder usó Facebook para impulsar el sueño del niño tarámari. Jorge ha logrado iniciar la prepa.

El sueño de Jorge Soto Olguín comienza en El Fuerte, Sinaloa, a donde migró antes de cumplir sus 16 años con un único propósito: seguir estudiando. Su vida es un libro abierto a la esperanza por haber desafiado una forma de vida que predispone a los hombres a ser jornaleros a cambio de raquíticas pagas. En la comunidad donde nació y creció, Las Bayas, no hay opciones de empleo y comer es una aspiración. 

De la población de entre 6 y 14 años de Las Bayas, solo una persona no asiste a la escuela y 14 habitantes de 5 años o más son analfabetas.

Las Bayas es un pueblo de 29 mujeres y 38 hombres y aunque es una zona indígena, ahí sola habita una persona que habla alguna lengua autóctona[1]. Los registros del INEGI indican que 28 habitantes carecen de afiliación a los servicios de salud, lo que representan el 40% de su población total. Estos datos son los oficiales. Sin embargo, el Colectivo Tarahumara Sinaloense registra que son pocos los niños y jóvenes que van a la escuela y todos los adultos indígenas son analfabetas y hablantes.

En esta localidad ubicada en el municipio de Sinaloa, entre los límites de los estados de Sinaloa y Chihuahua, habitan 67 personas según el Censo 2020 del INEGI. De la población de entre 6 y 14 años, solo una persona no asiste a la escuela y 14 habitantes de 5 años o más son analfabetas.

“Exactamente no tengo bien claro mi sueño, lo único que quiero es seguir estudiando hasta que pueda conseguir un buen trabajo”.

Fue en agosto de 2021 cuando Jorge emprendió su más valiente decisión, dejar su pueblo y amigos para partir junto a su hermana, de tan solo 17 años, a un nuevo hogar. La mamá no pudo acompañarlos por tener que quedarse en Las Bayas a cuidar de un familiar enfermo.

Jorge fue al sitio más cercano que le ofreció una preparatoria, la cabecera municipal de El Fuerte. Su único plan es seguir estudiando. “Es lo único que quiero siempre. Exactamente no tengo bien claro mi sueño, lo único que quiero es seguir estudiando hasta que pueda conseguir un buen trabajo”, declara. 

Las escuelas que predominan en Las Bayas y localidades de alrededor son las comunitarias. A ellas llegan maestras para intentar reducir la deserción escolar, pese a las condiciones adversas. Cada infante se convierte en una esperanza para la docencia.

Niño tarámari que soñó con estudiar
Con el apoyo de una red de donantes, Jorge Soto Olguín migró a El Fuerte para poder estudiar. Tiene 16 años y en la comunidad indígena donde nació, Las Bayas, no hay preparatorias. Foto: Hortensia López Gaxiola

Hasta el año 2020 esta localidad sinaloense no tuvo internet.

Para entender mejor las condiciones de esta zona hay que asomarse a las notas de prensa, pues no hay libros escritos sobre este punto de la geografía sinaloense. En julio de 2016, el Gobierno inauguró el sistema de agua potable en Las Bayas como parte del Programa Cobertura Total y tras una inversión de más de 2 millones de pesos[2]. La electrificación es también es un servicio moderno y el INEGI registra que hasta el año 2020 la localidad no tuvo internet.

Las Bayas
En 2016, el Gobierno conectó la red de agua potable en la comunidad de Las Bayas. Foto: Entre Veredas.

Cada vez que un habitante tiene una necesidad busca ayuda. “Cuando alguien necesita algo, busca a alguien a quién ayudar y le pagan. Los que siembran ahí son las personas de mi comunidad, en tiempos de lluvia. Siembran maíz”, cuenta Jorge con nostalgia, y agrega que migrar fue para él la mejor decisión.

Mientras millones de niños sueñan con la interconexión digital mundial, las aspiraciones de Jorge se orientan a otro mundo: “Soy feliz con internet o sin internet, yo así me la paso bien. Me gusta mucho aprender cosas nuevas, es lo más importante para mí, y no hay otro lugar donde pueda aprender cosas nuevas que no sea la escuela, por eso me gusta estudiar”.

Lo interesante es que fue precisamente a través de una red social como un discreto y comprometido grupo de donantes hoy impulsa el sueño de Jorge. En esta historia la herramienta Facebook cumple un propósito inspirador: la suma de voluntades para hacer posible que un niño tarámari hoy pueda ir a la escuela. Y el Colectivo Tarahumara Sinaloa tiene mucho que ver con esto.

Redes que transforman

Dicen que la generosidad es capaz de transformar el mundo y la historia de Jorge y su vínculo con el Colectivo Tarahumara Sinaloense es un caso que lo demuestra.   

En la zona norte de Sinaloa, Hortensia López Gaxiola encabeza un movimiento que aspira a mejorar la vida de las personas indígenas. Este colectivo enfoca sus esfuerzos en atender las necesidades de alimentación, salud, educación, vestido y vivienda de los tarámari, considerados familia de los tarahumaras.

La líder del Colectivo Tarahumara Sinaloense realiza colectas para atender las necesidades de alimentación, salud, vivienda, vestido y educación de la comunidad tarámari. Foto: Hortensia López Gaxiola.

Hortensia recuerda que fue en una reunión convocada bajo un encino de la localidad El Cochi, de Las Bayas, donde conoció a Delia, mamá de Jorge, quien se acercó a pedir ayuda para su hijo. El Colectivo había viajado a entregar despensas y ropa y la comunidad indígena abrió inmediatamente sus puertas.

El apoyo que recibió Delia fue sorprendente y continuo. Lo primero que obtuvo fue una silla de ruedas para su hijo, donada por una compañera del equipo tan incansable como Hortensia. “Cecilia le llevó una silla de ruedas de bicicleta, de modo que no era difícil conseguirlas si se ponchaban. Con esa silla de ruedas Jorge se fue a Tijuana”.

Un mensaje publicado por la líder del Colectivo en su propio Facebook detonó una increíble red de ayuda que no se detiene. Una maestra de Tijuana escribió ofreciendo su casa y cubrir todos los gastos de salud del niño tarámari que pronto iría a la frontera norte a una cita médica. “Se quedaron dos semanas en su casa y ahora son íntimos amigos. Esposo e hijas lo llevaron al cine y le hicieron una colecta con los alumnos de la escuela para comprarle una tablet”, relata Hortensia.

Jorge ha salido de Sinaloa solo por razones de salud. Una discapacidad motriz lo ha llevado a conocer otras ciudades en busca de ayuda para recuperarse. Esto le ha permitido ampliar su visión y saber que hay un mundo más allá de su comunidad.

Jorge, el niño tarámari que soñó con estudiar
Jorge viajó al Hospital Shriners de Tijuana para ser atendido. Su propósito actual es seguir estudiando y por eso emigró de Las Bayas a El Fuerte, municipio de estado de Sinaloa, donde sí hay preparatorias. Foto: Hortensia López Gaxiola.

Lo más sorprendente fue cuando una persona que se identificó como ciudadana estadunidense en el muro de Facebook de Hortensia se ofreció a solventar el pago de la renta de la nueva casa de Jorge.“Yo guardo su nombre, pasa todo este año pandémico que no hubo escuela, y ahora para este ciclo escolar que acaba de iniciar la busco y le digo ‘oiga, llegó el momento, tengo la promesa de usted para ayudarlo”. La donante, discretamente, pagó los 2200 pesos del primer mes y prometió las siguientes.

Hortensia, la maestra de Tijuana, y la donante de Estados Unidos tienen algo en común: no se conocen personalmente, pero una red social las unió.

Jorge se ha convertido en una prioridad para Hortensia y el Colectivo Tarahumara Sinaloense “porque él no puede dedicarse a desmontar, no se puede dedicar a nada de lo que se dedican los hombres allá arriba. Y si además él tiene la voluntad y buenas calificaciones, entonces ¿por qué diríamos que no?”

De los alimentos, útiles escolares y los servicios de internet, agua y electricidad se encargan otros donantes, quienes también conocieron a Jorge a través del Facebook personal de Hortensia y el del Colectivo.

“Ha sido maravilloso. Hay muchísima gente que nos apoya, gente que no me conoce para nada, gente que alguna vez vio una nota en el periódico y me empezó a seguir en Facebook y confían en que lo que decimos sí se hace. Si no fuera por las redes no podríamos trabajar de esta manera”, agradece Hortensia, cuyo perfil registra 4900 seguidores. 

La líder del Colectivo Tarahumara Sinaloense tiene 42 años y se identifica como titiritera en su red social. Estudió lengua y literatura hispánica y ha trabajado valiosos proyectos con las comunidades indígenas de Sinaloa.

Aunque la tendencia de usuarios de Facebook va a la baja en el mundo, según el portal HootSuite, los grupos están teniendo una popularidad enorme. Cifras indican que 2.4 millones de personas iniciaron sesión en la plataforma cada mes en 2020, lo que representa un aumento respecto a los 2.3 millones de 2018. Diariamente hay más de 1.6 millones de personas activas en Facebook y las personas prefieren interactuar en grupos[3].

Con este antecedente es comprensible que la espontánea estrategia del Colectivo Tarahumara Sinaloa resulte exitosa. Las personas quieren ayudar y lo hacen con más gusto cuando quien convoca a una causa social se gana la confianza y la credibilidad, como sucede con Hortensia y su grupo.

Cuando Jorge y su hermana se mudaron, detrás llegaron un refrigerador, un comedor, una sala, una cama, una estufa, un cilindro de gas, un escritorio y otros artículos gestionados por otra aliada del colectivo, la activista sinaloense Karla Galindo. El apoyo lo otorgó la Fundación Coppel, que incluyó además ina lap top para la misma causa.

Así equipado fue como Jorge inició su primer ciclo escolar en la preparatoria del Cobaes de El Fuerte. Con las alas bien abiertas para volar, lo que vivió y aprendió en su último año de secundaria en Las Bayas hoy lo inspira: “Cuando me dijeron que iba a ir a la escuela no quería, pero creo que cuando fui me di cuenta que era mejor porque conocí a amigos y me llevaba muy bien”.

En este relato hay personas que no han dudado de las fortalezas de Jorge. Una de ellas es la maestra que le enseñó el valor de la inclusión en un grupo donde las personas son diferentes.

Jorge estudió en el aula de palma en 2019, año en el que terminó la secundaria. El año pasado se construyó el aula de concreto. Foto: Norma León, maestra de secundaria en Las Bayas.

La huella de la profesora Norma en Jorge

Hay personas que son un motor en la vida de otras y Jorge tiene las suyas.

Además de Delia, su mamá, quien fue su maestra del último año de secundaria en Las Bayas es otra más. Su nombre es Norma Angélica León Rodríguez, y no hay nadie mejor que ella para describir las fortalezas de Jorge, en quien vio una destreza matemática.   

Fue en la secundaria conocida como El Pilar donde las insistentes frases de la docente se encargaron de enseñar al grupo que todos los niños y niñas tienen los mismos derechos. “Yo le comentaba mucho que tenía que integrarse con sus compañeros. Siempre le vi muchas ganas y aunque al principio le daba pena, al final sucedió. El resto de los niños terminaron por integrarlo”.

Norma tiene seis años dando clases en Las Bayas y actualmente atiende a un grupo de 10 estudiantes de los tres niveles de secundaria. Está casada con un nativo de la comunidad y aunque ella nació y creció en Chinobampo, localidad de El Fuerte, su vocación está en esa comunidad indígena.

Ya ofreció su casa a aquellos que tienen que viajar largas distancias para poder estudiar, y parece que no duda en defender el derecho a la educación, aun en contra de los obstáculos que se viven en Las Bayas. “Jorge tenía mucho entusiasmo en seguir aprendiendo y yo le di muchos ánimos para que siguiera adelante. Perdió un año de escuela pero gracias a Dios, a mamá y a Hortensia, el niño entró a la preparatoria. Siempre les digo a mis alumnos que aprender es posible”.

La maestra Norma influyó en Jorge y sus deseos de seguir estudiando. Ella se mudó a la comunidad indígena de Las Bayas y actualmente atiende a un grupo de 10 alumnos que cursan el primero, segundo y tercer grado de secundaria. Foto: Norma León.

Para Jorge, la maestra Norma está llena de nobleza y, para esta, su exalumno es capaz de conseguir lo que desee. “Yo sé que el niño va a salir adelante porque cuando yo le impartí clases tenía todos los ánimos. Siempre le dije que no se rindiera, que confiara en su mamá y que nunca se diera por vencido”.

El Colectivo Tarahumara Sinaloense ha apoyado a varias niñas y niños a salir de Las Bayas para que sigan estudiando. Detrás de esta organización ciudadana hay una poderosa red de personas que donan desde un litro de lecha hasta muebles para las familias indígenas tarámari. El Facebook del colectivo tiene 2211 seguidores y hay donantes hasta de Estados Unidos. 

Jorge dice que no sabe qué profesión elegirá. Lo único cierto hoy es que haber migrado ha sido una experiencia que marcará su vida. En Las Bayas, la población de 12 años y más económicamente activa es de 19 habitantes, todos hombres. Ninguna mujer tiene un trabajo remunerado[4].

La escuela primaria donde estudió Jorge en Las Bayas tiene hoy un aula de concreto, piso y baño, pero cuando él estudió ahí solo era este cuarto de palma donde recibió clases. Foto: Hortensia López Gaxiola.

Los táramari ya existen

En 2018, el Congreso aprobó la Ley que establece el Catálogo de Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Sinaloa, que otorga a los habitantes de Las Bayas el derecho a ser reconocidos como pueblo indígena tarahumara[5].

Sobre el origen de los tarámari no existen registros bibliográficos concretos. Algunas investigaciones académicas apuntan a cinco variantes dialectales de la lengua tarahumara distribuidas en el estado de Chihuahua, principalmente. Una de ellas es la rama sureña conocida como rarámari, y otra más que se detectó en el municipio de Chóix, conocida como rarómari.

La lingüista Elisa Antillón sostiene como hipótesis que el tarámari es una variante del lado sureño y que se habla principalmente en el municipio de Sinaloa. Siguiendo esta hipótesis, dicha variante bien pudiera considerarse como una forma de identidad propia. Los tarámari se asientan principalmente en Sinaloa y lo hacen para trabajar mayormente como jornaleros. Se encuentran en la frontera entre Sinaloa y Chihuahua.

Elisa Antillón es autora de la investigación Aspectos lingüísticos y culturales de los tarámari, tarahumarasd e Sinaloa, texto que será divulgado el próximo 30 de septiembre.

Las Bayas, está situada en la frontera entre Chihuahua y Sinaloa. De ese pueblo migró el niño tarámari días antes de cumplir sus 16 años, con tal de seguir estudiando. Foto: Imagen satelital [6].

Algunas notas sobre Jorge Soto:

  • Le gustan los cuentos y las biografías de personajes de México.
  • Hace poco viajó a San Blas, El Fuerte, y le gustó para vacacionar.
  • Su comida favorita son los frijoles. 

[1] Censo de Población y Vivienda 2020, INEGI, https://censo2020.mx/

[2]El Programa de Cobertura Total avanza con la participación de la CDI., Gobierno de México, https://www.gob.mx/inpi/prensa/el-programa-de-cobertura-total-avanza-con-la-participacion-de-la-cdi

[3]27 datos demográficos de Facebook que debes saber en 2020, HootSuite, https://blog.hootsuite.com/es/datos-demograficos-facebook-cm/

[4] Censo de Población y Vivienda 2020, INEGI, https://censo2020.mx/.

[5] Catálogo de Pueblos y Comunidades Indígenas del Estado de Sinaloa por Municipio, Congreso de Sinaloa, https://gaceta.congresosinaloa.gob.mx:3001/pdfs/leyes/Ley_125.pdf
Publicado en el P.O. No. 031 del 09 de marzo de 2018
Pueblo indígena identificado: Tarahumara

[6] Enlace del mapa satelital https://satellites.pro/mapa_de_Las_Bayas.Estado_de_Sinaloa.Mexico#26.224900,-108.224000,18

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