Mujer en escuela biblioteca

UAIM: mujeres indígenas desafían la tradición para estudiar en Sinaloa (parte dos)

En la primera parte de este reportaje de Norma Sánchez sobre mujeres indígenas que dejan su hogar para enfrentarse a la incertidumbre de un nuevo espacio con el solo fin de estudiar en la Universidad Autónoma Indígena de México, se habló de Clarissa Agustín Felipe. Esta joven oaxaqueña afrontó no solo la presión de remover un estigma, sino la de su subsistencia. Al final, su constancia rindió frutos.

En esta segunda entrega, Sánchez narra el caso de Graciela Chaparro Barro, indígena chihuahuense que buscó cómo salir de ese círculo en el que la mujer es poco más que la servidora de la pareja. La respuesta, también, estuvo en la educación en la UAIM.

Símenyoemia, Símenpa’liayolem’mem. Este es el lema de la Universidad Autónoma Indígena de México (UAIM), en lengua yoreme. “Toda la gente, todos los pueblos”, en español. Graciela Chaparro Barro se identifica con ello. Ella llegó a la UAIM a los 17 años, luego de que su hermana le dijera que había una oportunidad de estudiar en Sinaloa, cerca del mar. Graciela pensó que vería las olas desde la ventana del aula.

Graciela Chaparro mujeres indigenas Chihuahua

“Yo me puse muy feliz. En aquel entonces no había celulares, no había señal, entonces nos comunicábamos de una caseta. Me visualicé desde la universidad viendo el mar, porque yo no lo conocía. Me emocioné mucho”.

Graciela Chaparro Barro

Alejarse de la tradición

Es originaria de la comunidad Túpure, del municipio Guadalupe y Calvo, estado de Chihuahua. Graciela pertenece al grupo indígena tepehuano del norte. Su lengua materna es el ódami, que significa “personas de la montaña”. En su pueblo, localizado en la Sierra Madre Occidental, las mujeres están destinadas a “atender al hombre como debe ser, hacerle de comer, obedecerlo, y a mí eso me llamaba la atención”, relata.

“Me daba un sentimiento, porque yo no crecí con mi papá y entonces me preguntaba: ¿por qué tiene que ser eso? ¿Por qué al hombre le dan más valor que a las mujeres? Si en mi comunidad las mujeres trabajan igual que el hombre, lavan, planchan, siembran maíz en la cosechas. La mujer prácticamente hace todo, el hombre trabaja en el campo y todavía le tienes que servir la comida cuando llega del trabajo”.

Eso la impulsó a migrar, conocer otros lugares donde pudiera abrir su mente a otras posibilidades. Para estudiar la secundaria y la preparatoria, Graciela tuvo que caminar diariamente más de una hora de ida y el mismo tiempo de vuelta. No había otra forma de llegar a las escuelas de la comunidad Baborigame.

“Crecí en una comunidad que realmente está muy retirada de la ciudad. De ahí a la capital son, aproximadamente, 13 horas; de la cabecera municipal son cuatro horas. Yo me trasladaba caminando todos los días para estudiar la secundaria. Y cuando me fui a estudiar a Mochicahui, igual regresaba y me iba caminando otra vez”.

Mujeres jovenes en podio
Junto con su hermana Pilar, Graciela Chaparro Barro salió a sus 17 años de la comunidad del Túpure, Chihuahua, para estudiar en la UAIM, ubicada en El Fuerte, Sinaloa. Su viaje duró poco más de una semana. Foto: cortesía.

Migrar para ser una misma

Fue una maestra llamada Olga Burciaga, que trabajaba en la Comisión Estatal para el Derecho de los Pueblos Indígenas, la que le recomendó la UAIM. Les dijo a ella y a su hermana Pilar, dos años mayor que ella, que había una escuela para “personas de bajos recursos económicos y que podrían ambas estudiar allá. Casi estaba por terminar la prepa cuando mi hermana me dice “oye, ¿qué crees? Nos vamos a ir a estudiar a Mochicahui, en El Fuerte, Sinaloa”.

La mamá entró en shock, cuenta Graciela. “Nos dijo: ‘¿Cómo me van a dejar sola? ¿Y si les pasa algo? Ella estaba acostumbrada a estar con nosotros y nunca habíamos salido”.

La mamá finalmente cedió y las dos hermanas partieron primero en una rápida (combi) que las llevó a Guachochi y de ahí tomaron un tren rumbo a El Fuerte. Iban con otras mujeres que se convertirían más tarde en sus compañeras en la UAIM. Ese viaje duró poco más de una semana.

“En cuanto llegamos en la madrugada nos quedamos en Los Mochis, y al levantarnos en la mañana nos fuimos a presentar el examen Ceneval. Mi sentimiento fue de mucha tristeza por dejar a mi mamá. Solo pensaba en ella por haberla dejado. Ella se iba a quedar sola con mis hermanos, me daba un sentimiento fuerte. Quería estar con mi mamá y pensaba ‘cómo soy mala por haberla dejado sola’”.

La realidad del rezago para la estudiante indígena

La universidad le ayudó a Graciela a centrar sus objetivos. Una conferencia sobre desarrollo humano fue clave para que mantuviera el anhelo que cuatro años después se convirtió en una licenciatura en Derecho.

Joven trabajando en computadora con cubreboca
De la etnia tepehuana y de lengua originaria ódami, Graciela estudió la licenciatura en Derecho en la UAIM. Actualmente es agente del Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua. Foto: cortesía.

Al verla triste, una maestra la llamó a su cubículo y con un mensaje firme le recordó los motivos que ahí la llevaron. “No, hija, tú llegaste por algo, y tienes que lograr eso. Solamente estudiando tú vas a poder ayudar a tu mamá. Esa maestra me hizo cambiar mi camino y tomar consciencia”. Graciela se convirtió así en una opositora de la deserción escolar.

Según el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, en la educación obligatoria se observó que solo poco más de un tercio de la población indígena de 20 a 24 años (35.4 %, 387 555 personas), dos quintas partes de la población autoadscrita indígena (39.6 %, 887 738 personas) y casi la mitad de la afrodescendiente (48.1%, 61 643 personas) contaban, al menos, con educación media superior. Para los hablantes de lengua indígena, la proporción fue de apenas una cuarta parte (26.6 %, 167 165 individuos), y casi una quinta parte de la población indígena (17.8 %) era analfabeta. Igualmente, que entre los hablantes de lengua indígena, 1 de cada 4 no sabía leer ni escribir, cifras muy superiores al dato nacional (5.5 %).[3]

Las estadísticas muestran un evidente rezago en cuanto al acceso a la educación para las personas indígenas.

Educación para mirar de otra forma el entorno

Para Graciela, el trato hacia las mujeres indígenas es el origen de la deserción escolar. “Ahora que estoy entrando a mi maestría, comprendo que realmente hay una discriminación muy fuerte hacia las mujeres. Dicen que ellas casándose van a tener todo, pero no es así, porque a los hombres les dan más privilegios por ser hombre”.

Para poder estudiar, Graciela y su hermana trabajaron en la empresa Conserva del Norte, de 4 a 12 de la noche, “y llegando teníamos que estudiar porque teníamos exámenes. En esa empresa poníamos las etiquetas de las latas, hacía cartones, estaba en producción, observando a qué hora se paraba la máquina y por qué se paraba”.

Consiguió otro trabajo en Los Mochis, donde cuidaba niños y limpiaba casas. En Conservas del Norte ganaba alrededor de 1000 pesos a la semana. La labor de limpieza le permitía obtener otros 300 pesos al día, los fines de semana.

“Para mí, la UAIM significa todo. Esa universidad me ha hecho ser mejor persona y entender muchas cosas que yo no entendía. Me abrió las puertas cuando yo más lo necesitaba. La universidad para mí lo significa todo. Encontré mi tranquilidad y mi paz, lo que no tuve en mi comunidad, donde había muchos problemas”.

Actualmente, Graciela es agente del Ministerio Público de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua. Fue defensora de los derechos de los pueblos indígenas del municipio Guadalupe y Calvo, estudió una maestría en Derechos Humanos en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y en 2020 inició un doctorado en Ciencias de la Seguridad Pública. Ha publicado artículos sobre violencia familiar hacia las mujeres en la comunidad de Choreachi y ha dado conferencias sobre despojo de tierras. Aunque no logró ver el mar desde la UAIM, conoce el puerto de Topolobambo, la playa El Maviri, ubicada en el Mar de Cortés, y algunos lagos del estado de Michoacán.

Mujer en escuela biblioteca
A sus 29 años, Graciela atiende la Unidad de Atención Inmediata de la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, zona centro. Es una de las egresadas de la Unidad Mochicahui de la UAIM, institución intercultural ubicada en El Fuerte, Sinaloa. Foto: cortesía.

Mujeres en la esfera pública

Para la académica Dolores Romero, reconocer esa diversidad pluricultural de México es hoy el principal reto para reducir la brecha de desigualdad. “Creo que eso evitaría la segregación, el racismo, la discriminación de las personas por las diferencias sociales, económicas, culturales y de género. Y sobre todo el racismo”.

En ciclo 2019-2020, la matrícula total de la UAIM fue de 4995 estudiantes, 2906 mujeres y 2089 hombres, de acuerdo al anuario estadístico de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior. De esa matrícula total, 862 son hablantes de lenguas indígenas, pero de estos solo 49 lograron egresar y 27 titularse.

Edificio universitario de la UAIM
Universidad Autónoma Indígena de México, Unidad Mochicahui, en Sinaloa. Foto: cortesía.

En 2018, a la Unidad Mochicahui de la UAIM ingresaron 404 hombres y mujeres, de los cuales 226 se identificaron como parte de los grupos étnicos mestizo, chatino, chol, huichol, mam, mixe, yoreme, mazahua, mixteco, moxo, raramuri, tarahumara, tepehuanas, zapotecas, yaqui, trique, chinanteca, nahuátl y tzeltal. La región ha favorecido a las mujeres indígenas yoreme mayo, con una matrícula de 73, mientras que la de hombres fue de 52. Esto en la generación 2018.

Para las mujeres, el principal legado que les deja la UAIM es “el conocimiento, la preparación, en empoderamiento que nos puede dejar como mujeres la institución. Es la oportunidad de poder desempeñarnos en una esfera pública fuera del hogar, donde podemos demostrar que tenemos las mismas capacidades para ejercer cargos en la toma de decisiones, no solo desde la visión de las mujeres mestizas sino también de aquellas que provienen de una región originaria”, sostiene Dolores Romero.


Clarisa Agustín Felipe y Graciela Chaparro Barro egresaron de la Universidad Autónoma Indígenas de México haciendo honor al himno de la escuela[1]:

No hay cadenas

que puedan atarme … jamás…

porque sigue mi vida esa ley;

… LIBERTAD

de vivir

…LIBERTAD

de pensar

…LIBERTAD

para amar … y soñar


[1] He nacido libre, fragmento del himno de la UAIM, letra y música de Hilda Bermeo, http://www.uaim.edu.mx/portal/index.php/universidad/quienes-somos/simbolos-universitarios


Universidades Interculturales en México

La tesis doctoral de la académica Dolores Romeroubica a la UAIM como la primera institución intercultural y con pertinencia del país.

2001: Universidad Autónoma Indígena de México (UAIM).

2003: Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM)

2004: Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH)

2004: Universidad Veracruzana Intercultural (UV-I)

2006: Universidad Intercultural del Estado de Tabasco (UIET)

2006: Universidad Intercultural del Estado de Puebla (UIEP)

2006: Universidad Intercultural del Estado de Guerrero (UIEG)

2006: Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM)

2011: Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIIMQROO)

2011: Universidad Intercultural de San Luis Potosí (UISLP)

2012: Universidad Intercultural del Estado de Hidalgo (UIEH)

La UAIM se inició en 1982 como un programa de investigación antropológica con aplicación en la investigación y en la docencia de la Universidad de Occidente (hoy Universidad Autónoma de Occidente de Sinaloa), el cual fue suspendido en 1986 y transformado en Instituto de Investigaciones Sociales y Antropológicas. Fue en 2001 cuando se instaura formalmente.

La institución ofreció tres carreras universitarias inicialmente: Sociología Rural,Cultura Popular y Desarrollo Comunitario. Actualmente oferta doce carreras distintas, entre ellas la licenciatura en Estudios de Género.

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